EDITORIAL


Un momento de la historia PROVOCADOR Y DRAMATICO


Vivimos en un momento triste y, sin embargo, "dramáticamente bello", porque cualquier posibilidad de recuperación radica por entero en la persona, sujeto generador de pueblo y de historia. El yo consiste en la relación con una "X" misteriosa que constituye el horizonte de todo pensamiento y todo acto a los que puede llamar humanos, es decir, libres. La libertad es, en efecto, el dinamismo enérgico con el que el hombre se adhiere al Infinito. Cuando se niega que el hombre está hecho para este Misterio, el fenómeno de la libertad queda reducido a una especie de agitación que el poder tiende a controlar y normalizar erigiéndose en el término último que permite al hombre decirse libre. Por esta razón, ya desde la época del Imperio Romano, el totalitarismo ha visto en la Iglesia Católica un factor irreductible e indomable.

Este mes Huellas está casi completamente dedicado al tema de la libertad, una palabra tan proclamada como traicionada y humillada. En concreto, queremos ofrecer algunos testimonios - de tipo histórico, cultural y de la vida de la Iglesia - que muestran antecedentes y aspectos reveladores de la presente situación. La época moderna ha pretendido afirmar el señorío único y exclusivo del hombre como medida de todas las cosas, poniendo entre paréntesis lo que para los antiguos era una evidencia elemental: que el hombre no se hace a sí mismo y que, por tanto, depende; depende en todo de Otro. El totalitarismo político de cualquier color deriva siempre en un dogmatismo cultural. Cuando el Estado pretende sustituir a Dios poniéndose en su lugar, y se erige como única esperanza para que se produzca de algún modo cierto orden y salvación terrena, el individuo queda a merced del poder, atrapado en su círculo cerrado.

El gran movimiento popular sobre la escuela promovido recientemente en Italia por treinta asociaciones laicas y católicas, bajo el lema "En defensa del futuro", que el 13 de Abril reunió en Milán a veinte mil personas, ha centrado la atención de ese país y de buena parte de la opinión europea sobre el punto que encierra el peligro para la libertad en nuestro futuro inmediato: la ausencia de una adecuada educación de los jóvenes. Al periodista de Il corriere della Sera que hace algún tiempo preguntaba: "¿Por qué ha sucedido todo esto?", don Giussani le contestó: " A todas estas generaciones no se les ha propuesto nada. Excepto una cosa: la preocupación utilitarista de sus padres." Y otro conocido columnista escribía recientemente: "En realidad no pensamos ni imaginamos el futuro, sino que nos limitamos a disfrutar de los privilegios actuales, porque pasamos olímpicamente del destino de nuestros hijos".

Resulta preocupante comprobar la ausencia casi total de conciencia de esta amenaza creciente a la libertad de la jóvenes generaciones - que actualmente sufren, más que disfrutan, las reformas educativas de los últimos quince años en España - en las diversas fuerzas organizadoras de la reciente manifestación de Madrid en "defensa de la enseñanza pública", supuestamente amenazada por el gobierno popular. Entreguemos la conciencia de nuestros hijos a los organismos y cuerpos "públicos" de la enseñanza y veremos los frutos totalitarios muy pronto.

Este es el tiempo de la persona, la realidad más frágil que existe - pues antes no existía y ahora está - , pero sobre la cual el Misterio, Dios, ha construido en el tiempo la demostración de su capacidad para cambiar el mundo en algo mejor. Desde hace dos mil años el Misterio que hace todas las cosas tiene el nombre de una Presencia distinta que cataliza la esperanza y empieza a derretir el hielo de las cosas.



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