CARTAS



«Yo soy tú que me haces»



Estoy inmensamente agradecida a don Giussani por el camino en que nos compromete, la profundización de nuestra fe: quiés es el Señor para mí, para todos los hombres; qué es la realidad, quién soy yo, cuál es mi rostro. Escucho, leo, miro. Frente a la verdad se renueva cotidianamentye el estupor que hace precisamente exclamar «¡Es Verdad! ¡Es así!». Después brota la petición para que estas palabras se conviertan en hecho, en afecto, en ahdesión. Afecto a Jesús porque existe. Repito continuamente durante el día: «Cristo es la vida de mi vida», y me dejo de historias sobre mi sinceridad al decirlo. Estas palabras son el punto de partida, la definición de mí misma y de mi rostro. Sólo así puedo continuar aquí, en Omsk. Debería decir «en cualquier lugar». Puedo entrar en clase, mirar a mis alumnos (¡más de 150!) abrazándolos a todos con el mismo abrozo que me estercha a mí. Cuando digo «Veni Sancte Spiritus. Veni per Mariam» antes de empezar la clase, los meto a todos en esta invocación y dentro de mi ofrecimiento. Cuando preparo las clases, a cada página que escribo me pregunto: ¿qué quiero comunicarles? Así el trabajo de preparación se vuelve fascinante. Cuando doy clases comprendo que les cuento lo que he preparado porque les quiero. De otra forma no les dirái lo que les digo. Tengo delante de los ojos la forma en que mis amigos me comunican lo que es importante para ellos —cuántas veces me han dicho «¡Mira!»— y cómo don Giussani nos habla, cómo me miran mis comnpañeras de casa, cómo me acogen, cómo me ayudan en la memoria. Comprendo así que estoy yo frente a ellos, pero yo soy un "nosotros", y esto provoca en mí la osadía y la pasión. Empecé una clase sobre la cultura bizantina y sobre Rávena con la cita de Dostoievski: «Todo es bueno y espléndido porque todo es verdad». En un determinado momento, un estudiante me dijo: «No comprendo todo; estas cosas nunca me han interesado mucho, pero la pasión con la que usted habla me dice que son importantes para usted y , por tanto quizá también para mí». Nuestra amiga Okama ha tenido una niña, Marina, y nos dice riendo: «Mirad, la comunidad de Omsk crece!». Lilia, que trabaja y le pagan "en especie": un chorizo, un brasero, una plancha... ha solicitado poder aportar algo al fondo común, porque «yo os pertenezco y vosotros me pertenecéis; y éste es sólo el primer paso, porque cuando reciba el Bautismo podré decir: te pertenezco a ti, Señor Jesús».

Más cerca de la isla



Queridos amigos:
Aprovechando la visita de monseñor Francisco Javier Martínez y del padre Javier de la diócesis de Córdoba, os escribo para agradeceros de corazón todo vuestro trabajo, vuestro empeño de llevar al mundo de habla hispana la vida de Comunión y Liberación y la vida de la Iglesia. No pueden imaginar lo que significa para los amigos de Cuba el recibir cada mes la revista, la realidad del movimiento, hasta hace ùn año lejana a nosotros, ahora se hace cercana y familiar. Esperamos la revista cono alegría porque ella alimenta nuestra fe y nuestro amor a la Iglesia; los testimonios, las palabras de don Giussani adquieren para nosotros un nuevo valor. Cada vez que comienzo la catequesis con los jóvenes que día tras día llegan a las parroquias buscando un lugar de esperanza, comienzo leyéndoles una de las cartas como para decirles que el cristianismo no es una utopía —como se les ha enseñado en las escuelas— sino una realidad, que se puede vivir y que desde hace dos mil años está presente entre los hombres. Ellos ante esto se quedan estupefactos, asaltados por la sorpresa de que hay personas sencillas que tienen el coraje de vivir así, en continua relación con Cristo, amando a los demás. Poco a poco se dan cuenta, me piden la revista y muchas veces la catequesis se convierte en leerla juntos, comentar algún artículo o simplemente testimoniar la experiencia cristiana que comienza a vivir. Ya ven, amigos, cómo no es tan útil Huellas, ¡hasta para evangelizar! Estoy seguro de que estos catecúmenos que abren sus ojos por primera vez a Cristo no podrán olvidar su encuentro. Aunque muchos se vayan, olviden todo y corran tras otros ideales, tras otros ídolos, algún día recordarán que Jesús está presente en una compañía humana. Agradezco cada día el don de haberos conocido y pido para que nuestro trabajo siga dando frutos no sólo en "la isla" sino en cada rincón del mundo.
Carta firmada, La Habana

Cantando sevillanas



Durante nuestro viaje de novios, pidiendo que nos hicieran una foto, conocimos por casualidad una familia de Sevilla de la que nos hicimos muy amigos y que amablemente se ofreció a acompañarnos durante nuestra estancia en la ciudad. Después de comer juntos, quedamos a medianoche para ir a escuchar sevillnas en un barrio no turístico, fuera del centro. El bar era pqequeñísimo y, entre imágenes de toreros y fotos de bailarinas de flamenco, ocupaba el centro una hermosa estatua de la Macarena, protectora de Sevilla. A las tres la dueña del local, que hasta entonces, que hasta entonces había animado la velada con muchísimo entusiasmo, palmas y algunas palabrotas —puntualmente traducidas por nuestros amigos—, nos dijo: «Antes de cerrar cantemos la última sevillana. Os pido que todos estéis en silencio, pues ésta no es sólo una canción, sino una oración. Durante el día trabajamos, estamos con la familia, nos divertimos como hemos hecho esta noche, pero todo esto nos es dado. Como señal de devoción y gratitud cantemos juntos el Salve Regina, y pidamos especialmente por las víctimas de los terroristas vascos».
Volviendo a casa, nos dimos cuenta de que habíamos asisitido a un gesto de pueblo, tal como nos lo enseña don Giussani, y que la verdad, venga de donde venga, toca el corazón de quien lo reconoce con sencillez.
Leo y Silvia, Bologna

Familia, compañía vocacional



Os mando esta carta que mi madre me ha escrito a Viena,
donde estoy estudiando, para anunciarme el nacimiento de
un hermano muy especial.


Queridísmo Francesco: ¡Ha nacido Giovanni! El parto ha sido un poco trabajoso, pero el Señor ha querido que todo marchara como ya desde hacía tiempo había pensado. Yo empiezo a encontarme bien de nuevo, pero el Señor ha reservado para nosotros algo especial que al principio no hemos sido capaces de acoger. Cuánta razón tiene don Giussani cuando dice que el mundo somos nosotros, nosotros que creemos que estamos exentos de culpa, que estamos fuera de la mentalidad dominante, que ya somos libres. Ahora el Señor nos ha puesto a prueba y, a través de un dolor inicial (digamos también que vivido como un drama), nos ha acompañado para mirar lo que está sucediendo con ojos distintos. Giovanni es diferente de los demás: tiene un cormosoma de más, tiene el síndrome de Down. Es todavía más especial porque, a diferencia de muchos otros, lo había escondido. No tiene las características habituales, es un niño precioso y ha querido así darnos un tiempo para comprender. hata hoy no han terminado todas las comprobaciones; ahora estamos seguros del diagnóstico y no podía ni quería esperar a que volvierás para decírtelo porque, después de llorar, he comprendido que no ha sido dado algo más grande, un reclamo claro para ir al fondo de nosostros mismos, de quiénes somos y a quién pertenecemos. Sabes, pensándolo bien, el dolor no estaba y no está para que el bien sea menor. Giovanni es nuestro hijo, al que hemos querido desde el primer día en que supimos que existía, conscientes de los riesgos que corríamos, tanto físicos para mí, como de posibles problemas para el que iba a nacer. El dolor estaba y quizá todavía está por la objeción del mundo, por el juicio del mundo. He ido todavía más al fondo para comprender mejor y he descubierto que el mundo es mi límite. Soy yo quien no soy libre, quien no cree aún que el único camino es Él, quien mira las cosas con los ojos de este mundo. Dentro de esta fatiga (la de encontarse con con el propio límite) hemos tenido amigos que nos han ayudado. Patricia, la ginecóloga, nos ha acompañado literalmente para comprender que lo que está sucediendo es un bien para nosotros, es algo especial. Y no es una forma de habla. Nos decía que el Señor no podía escoger para Giovanni un jardín mejor. Giovanni se encuentra en una gran familia, con muchos hermanos que le ayudarán y estimularán, y sus hermanos mayores, viéndolo más feliz que los otros niños, más afectuosio, más rico, en definitiva más sencillo, serán reclamados continuamente a recorrer el único camino verdadero. Nosotros, vuestra madre y vuestro padre, estamos recogiendo ya las gracias que nos da el Señor a través de Giovanni. Hemos recibido ungran golpe que no ha hecho más que aumentar la unidad. El amor que nos tenemos es ahora más grande, porque Giovanni ha aumentado nuestra conciencia y nosotros, sea cual sea la circunstancia, podemos decir que sí. Así, por segunda vez, nos ha sido dado un hijo distinto: primero Simona, y después Giovanni, para Su gloria y nuestra felicidad. Ahora nos preguntamos: «¿Sabremos recorrer el camino?». Tendremos que ayudarnos. Somos muchos y hemos tenido todos la gracia de haber sido escogidos. El Señor nos ha preferido; debemos reclamarnos unos a otros a la verdadera unidad, y será necesario rezar, porque la vida no es otra cosa sino oración: todo debe convertirse en oración. Seguro que nuestros amigos de la fraternidad y de la Escuela de comunidad nos ayudarán a caminar por el único camino que se puede recorrer. Una gran noticia: Giovanni no tiene ninguna malformación cardiaca. raza, y pide oraciones porque si el único camino verdadero es el suyo, el único modo verdadero de ayudarnos a vivir es rezar. Adiós, un besazo,
Mamá

Madre Teresa



Publicamos la carta que las Hermanas de Madre Teresa han enviado al Banco de Alimentos como agradecimiento por las condolencias recibidas.

Deseamos expresaros nuestra más profunda gratitud por haberos unido a nuestro dolor por la partida al Cielo de nuestra querida Madre y a nuestro agradecimiento a Dios por cuanto nos ha donado a través de ella. Pedimos a la Madre del Cielo que interceda por cada uno de vosostros a fin de que podáis cumplir siempre la volunytad de Dios, para mayor gloria suya y bien de las almas, haciendo —como la Madre repetía constantemente— pequeñas cosas con gran amor, cuyos frutos son el servicio y la paz. Continuad rezando por nosotras para que seamos instrumentos cada vez más dóciles en sus manos. Confiándoos en nuestro recuerdo a Dios, invocamos sobre cada uno de vososotros y vuestra ascociación su bendición. Unidos en la Oración.
Sor María Elena de las Misioneras de la Caridad, Roma

«Las circunstancias por las que Dios nos hace pasar...»



El 28 de Octubre mis padres participaron en la jornada de inicio de curso de CL en Lisboa y por la noche, durante la cena, surgió de forma espontánea la conversación de lo que allí se había dicho. Se habían quedado impresionados por la insistencia sobre la onotología y empezaron a preguntarme con el deseo de aprender. Para mi padre la cuestión fundamental es la del Acontecimiento: «¿Cómo el mismo Jesucristo muerto y resucitado permanece vivo hoy y presente en mi vida?». Trate de explicarle cómo don Giussani explica el Acontecimiento, es decir, algo distinto de uno mismo, que vuelve a suceder siempre de un modo imprevisible e inimaginable, y que corresponde a las exigencias profundas del corazón. En ese momento vi la cara de mi padre cambiar y me dijo: «Esto es algo revolucionario, avasallador». Mi madre añadió que hacía mucho tiempo le estaba pidiendo al Señor poder ver más, poderle ver, y que ahora que había llegado a esta edad esperaba que se le concediera esta Gracia. ¡En ese momento fue demasiado evidente Quién estaba allí cenando con nosotros! No se podía negar: esa cena, esa circunstancia, me ha hecho consciente de que el templo, en aquella casa, pasaba a través de mí. El templo que da significado al tiempo de la vida de mis padres pasa a través de mí. Esta es una gran gracia porque representa un modo distinto de concebirme en función de lo que el mundo necesita.
Bebé, Lisboa

Hechos que la razón lee



Ha nacido nuestra hija Clara. En primer lugar, esto ha producido en nosotros una sorpresa por lo que de desproporción y de correspondencia conlleva al mismo tiempo. Sorpresa por la nueva relación que se está dando con mi mujer, de modo que llego a pensar a menudo que el día de nuestra bioda no la amaba tanto como la amo ahora. Pocas cosas me han dado últimamante tanta alegría como ir a pasear con el cochecito los tres. Es curiosos ver que lo que en un principio podía desunir más por lo que trae consigo de trabajo y de molestias, más nos estás uniendo. La presencia de Clara nos hace pedir que Aquel que nos la ha confiado —fuente y origen de su ser—, fuente y origen de todo, nos ayude a nosotros, sus padres, a tenerle presente a Él. Pero, sobre todo, estos son días de gracia, porque la unidad que vivimos entre los tres y con los amigos me da unas ganas enormes de vivir y de ir al fondo de las cosas, de vivir esa gran libertad de la que hablamos con tanta estima. Hace poco, comiendo con un amigo, le oía hablar de su trabajo. Me provocó la seriedad con la que lo vivía y el oirle decir que tiene que concebirse como el Director General de su propio puesto de trabajo, porque uno es responsable de sí mismo y lo que hace influye sobre los que tiene a su alrededor. Si uno, en definitiva, siempre se queja nunca podrá estar a gusto ni aunque fuese el jefe de su propia empresa, ya que lo último que revela esta posición es la presunción de medir y analizarlo todo, es decir, la incapacidad de abrazar una circusntancia concreta que siempre resultará distinta de como uno se la imagina.
Eduardo, Madrid

Mirar a un maestro



Publicamos la carta que un alumno ha escrito a su profesor de matemáticas después de una conversación en clase.
Querido profesor:
Usted me había pedido que escribiese lo que pienso sobre la indiferencia. He reflexionado y he comprendido que hoy, como ayer y como el día anterior, no veo una finalidad en las cosas que hago. Actúo, sí, pero sólo siguiendo las pasiones del isntante, in saber el porqué. Y sin embargo yo busco esa finalidad, la deseo. Tengo un deseo grande de verdad y de plenitud. Mirándole a usted, veo una persona que ha encontrado esta finalidad, y desos ser como usted, tener también yo una razón por la que hacer todo, una razón para cada una de mis acciones, de mis relaciones. Deseo de verdad ser su amigo, de modo que me enseñe a buscar y a mirar la verdad de mi vida.
Francesco, Monza

Todo es gracia



La primera exposición que vi en el Meeting de Rímini este verano fue la que se refería a san Ricardo Panpuri. Fue hermoso y conmoverdor escuchar la vida y las obras que llevó adelante este pequeño gran hombre. Sin embargo, cuando salí del stand noté en mí una incomodidad extraña, inexplicable y muy molesta, tan evidente que mi novia me dijo: "¿Qué te pasa? Pareces triste". Y yo respondi con rabia: "¡Nada, no me pasa nada!" No conseguía aceptar esto: ¿Cómo se puede salir trsite de un lugar donde acabas de conocer a una persona excepcional? Mientras escuchaba las explicaciones de la muestra en mí había en deseo: "¡Quiero ser como él!". En ese momento, la trsiteza empezó abrotar porque resultaba evidente la dificultad de seguir su ejemplo. Pero una gracia de este tipo, precisamente porque es gracia (gratis), no puede venir de mí, de un esfuerzo mío, de una idea mía. Hace falta que Dios lo quiera. Y ésta es precisamente la razón de por qué san Ricardo es una persona excepcional y de por qué yo estaba triste: no se posee algo agarrándolo como si fuese una pera de un árbol, sino que se posee sólo si se piensa que es algo que Dios ha hecho. Si no es así, se elimina todo carácter excepcional de ese algo. Descubriendo esto, aquella trsiteza se volvió positiva. Parace increíble, pero es cierto: (toda) la realidad es positiva.
Alberto, Gubbio